Madrid, Festival de Verano de El Escorial 2022: Recital de Javier Camarena

Madrid, Auditorio, Festival de Verano de El Escorial 2022
Tenore Javier Camarena
Piano
Rubén Fernández Aguirre
G.Verdi:La mia letizia infondere” (I Lombardi alla prima crociata); G.Donizetti:Una furtiva lagrima” (L’elisir d’amore); .Cilea: Obertura de L’Arlesiana; G.Donizetti:La maîtrese du roi… Ange si pur…” (La favorite);J.Massenet:”Ah! Fuyez, douce image” (Manon); G.Rossini:”La danza”; R.Leoncavallo:”Mattinata; C.Gustavino:La rosa y el sauce”; Dos canciones: I. “Madre mía cuando muera”, II. “Arrullo Blas Galindo”; A.C.Imaz: Fiesta Lírica sobre temas de Barbieri, Gaztambide y Bretón; A. Pérez Soriano:Serenata” (Jota de Perico, El guitarrico); J.Serrano: Te quiero, morena (Jota de Baturro, El trust de los tenorios).
Madrid, 19 de agosto, 2022
Hace poco tiempo que el tenor mexicano dejó su residencia en Zürich, para venir a vivir a España, en Málaga. La actuación de Javier Camarena en el Festival Internacional de Verano de El Escorial demuestra la admiración y el interés que el tenor mexicano suscita en cada concierto, en este caso, con el aforo completamente vendido. Los presentes, entregados desde el primer momento de la velada, aplaudieron después de cada obra, haciendo que la actuación perdiera coherencia y elasticidad. Pero los públicos mandan.
Camarena es un cantante dotadísimo, seguro, que la noche del concierto padeció alguna ligerísima veladura en algunos fragmentos, apenas audible, que gestionó con una técnica impecable y una maestría escénica que lo distingue siempre.
Culpa seguramente del durísimo verano que se padece en algunos países europeos, con temperaturas cercanas a los 40 grados y una falta de agua y lluvia realmente dramáticas. El Escorial, asiento de los reyes Carlos V y Felipe II, Austrias mayores que fundaron el imperio en la península ibérica y dieron forma y fondo a la ciudad de la sierra madrileña, tiene un clima muy seco, especialmente en estas últimas semanas. Los aviones, los traslados y la vida ajetreada de los artistas, hacen el resto. El cantante cuenta con un color vocal rico en matices y posibilidades, notas altas brillantes, famosos sus bises en varias óperas y teatros y una coloratura y fiato impecables. Amplia emisión que no mengua a pesar de que pasan los años por su repertorio y por un instrumento que cuida con una dieta sin abusos, sin gritos, descanso y otros comportamientos ad hoc.Camarena interpreta regularmente papeles de bandera, junto a los artistas más importantes en las salas más citadas de ópera del mundo. En las últimas temporadas, el tenor mostró su versatilidad y ha ido construyendo una tesitura que evoluciona naturalmente más hacia el ámbito lírico que al puramente ligero, como en sus primeras etapas. Su voz va cambiando y sus interpretaciones y prestaciones acompañan la fisicidad de una garganta educada y generosa.  Conversando durante la gala con el público, explicó que le encantan los asistentes de la capital española, que en buena parte era el que llenaba el coliseo de Escorial, recordó a sus hijos, a los que siempre menciona, esta vez en relación con la canción “La rosa y el sauce” de Carlos Guastavino, maestro y compositor argentino al que admira y que siempre aparece incluido en sus conciertos.
Por su parte, Rubén Fernández Aguirre, el pianista vasco que toca ahora con Javier Camarena nació en Barakaldo y fue discípulo de Félix Lavilla. Buena técnica también, relajación adecuada, movimientos amplios, vestido de gris topo, como el cantante, modestia y discreción en su vínculo con uno de los grandes. Apasionado con su labor, acompañó con entusiasmo manifiesto a Javier Camarena y se lució, aun tocando con partitura en las piezas que interpretó solo.
La primera parte del concierto, se refirió a extractos de óperas de autores conocidos como Verdi, Donizetti y Massenet, porque el cantante y acompañante, tuvieron muy claro el tipo de entorno- veraniego- y público, variado, no necesariamente melómanos convencidos que acudiría al Auditorio. Javier Camarena ha confesado siempre que le fascina Donizetti y que se encuentra muy cómodo cantándolo. Las elecciones fueron un acierto, porque se dedicó tiempo al repertorio clásico, más ligero y festivo después, con música de danza, perfumes del Mezzogiorno italiano, al repertorio sudamericano con Carlos Guastavino, para finalizar con obras tradicionales populares españolas, que, de alguna forma daba la pauta de la compenetración de los artistas con páginas tan difíciles de cantar por lo conocido y por su estilo, lleno de tipismo.A todo y a todos llegó Camarena, que brindó propinas, “No puede ser” de “La tabernera del puerto” De Pablo Sorozábal y tal vez la más sentida, con el público en pie, una canción de Antón García Abril, “Canto porque estoy alegre”, una sugerencia de Rubén Fernández Aguirre, un compositor español apreciado y muy frecuentado, fallecido no hace mucho. No hubo programa de mano, pero sí código QR y aquel, que se respetó, fue profusamente anunciado con mucho tiempo en las redes sociales. Se agradece y así lo entendió la audiencia, que las instituciones no se vayan como los ciudadanos que puedan hacerlo, todas de vacaciones y nos dejen en cambio a precios más que asequibles, joyas como este recital para amenizar el estío y hacerlo más disfrutable y más solar, y no solo desde un concepto puramente climatológico.

 

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