Madrid, Teatros del Canal: Jayaprabha Menon & Company

Madrid, Teatros del Canal, Temporada 2022/23
“SHAKTHI”
Jayaprabha Menon & Company
Nari  JAYAPRABHA MENON (mohiniyattam)

Veera AKSHAY SHEKHARAN (kalaripayattu)
Bailarinas mohiniyattam: Radhika Menon, Ananya Nair, Punya Nair, Nimisha Raj, Ranjitha Rajesh, Ramita Rajesh, Aparna Sajeev, Rohini Satheesh, Shruthi Krishnan, Nivedita C

Artistas kalaripayattu: Sajith, Akshay, Nishin
Técnico de luces: Atul Mishra
Madrid, 28 de septiembre de 2022
Voglio vederti danzare come i dervishes turners che girano sulle spine dorsali o al suono di cavigliere del Kathakali…” Franco Battiato
La India, una vez degustada, se echa de menos: Ravi Shankar, su hija y la literatura colonial del Raj, (“El cuarteto” justamente, Rudyar Kipling,), y las versiones culturales, sociales y políticas del propio país, que se desconoce, se frecuenta alguna vez en la vida en el mejor de los casos desde Europa, y se paladea solo de fuera: los aromas intensos, los rituales, las castas, las diferentes religiones, las lenguas, por docenas, las costumbres, las vestimentas, las comidas. Ahora el espectáculo Shakthi, una celebración de heroínas hindúes poco conocidas, (aunque hay también dos hombres, unos guerreros) exalta las hazañas de valor, resistencia y fuerza interior mostradas por mujeres de Kerala y otras partes del país, nos devuelve la esencia de este lugar al sur del subcontinente.Jayaprabha Menon y su compañía ofrecieron una mezcla entre el baile mohiniyattam (que ejecutaron seis participantes) y el arte marcial kalaripayattu (interpretado por dos artistas) en una historia que cuenta Shakthi: la de una Nari (una hermosa doncella), que representa el lasya o gracia femenina del mohiniyattam, y un Veera (guerrero), que se plasma en la masculinidad del kalaripayattu.
En Occidente conseguimos entrever apenas las tradiciones de la región norte de la India, islamizante, poblada y colonizada por los mongoles, el Rajasthán, con sus palacios, sus templos y el Taj Mahal, hollado cada día, para turistas, a veces para viajeros. Pero el sur nos resulta más indescifrable aún, ese archipiélago que algunos consideran el corazón hindú más genuino y fundacional.El mohiniyattam, literalmente traducido como danza de la hechicera, conmemora la venida del dios Visnu en la forma de Mohini, una hermosa y seductora mujer cuyo cometido radicaba en cautivar a los Asuras (demonios). El tema principal de esta danza es el amor y la devoción al dios, intentando hacer prevalecer el bien sobre el mal.
Respecto al kalaripayattu, está considerado una de las artes marciales más antiguas del mundo y está centrado no solo en cultivar la resistencia y fuerza física, sino también en acrecentar el bienestar mental y la energía para optar por un estilo de vida pacífico y tranquilo. Aunque la verdad que la vivencia es muy distinta: hay marcialidad y espíritu guerrero, lucha, ataque y defensa y una masculinidad que carece de modestia para distraer e impresionar al oponente.
En estos bailes, que encantaron en general a un público muy interesado y en conexión con lo que estaba viendo, los cantantes narran leyendas hindúes con ecos tal vez provenientes del Mahabharata, del Ramayana y del Bagavata Purana, que los bailarines/actores personifican en escena mediante un complejo lenguaje de nrta (pasos de danza), mudras (gestos de las manos) (es también el nombre de un grupo de danza que fundó Maurice Béjart, el mítico coreógrafo francés) y navarasya (expresiones del rostro). En los Teatros del Canal resonaron flautas de pico, cascos y relinchos de caballos, algún gong y crótalos, y tambores parecidos a los derbukas árabes y además, voces humanas a capella y por momentos, un ambiente sonoro semejante al que recrea la música electrónica occidental.Movimientos de ojos, dedos, manos, pies descalzos sensibles y ágiles, se trata de unas danzas que exigen la dedicación de una vida, y tienen mucho de religiosidad, liturgia y sacerdocio. Estampas únicas que recuerdan en la fijación del movimiento, en la sensualidad sugerente, la colección de escenas eróticas, entre la celebración y lo sagrado, de los templos místicos de Khajuraho.
Los trajes, una maravilla, en telas nobles, algodones blancos y seda en verde. Evocación de los saris tradicionales. La protagonista en rojo y dorado, tinturas en pies y manos, uñas esmaltadas, ajorcas, pulseras, anillos, un maquillaje facial elaborado y denso, como una máscara, tocados complicados y pesados en la cabeza, complementos varios que cambiaron durante el espectáculo que, programado en principio para una hora, se extendió más por un bis, con la presencia al final del Excmo. Embajador de la india y personal diplomático en el escenario, saludando a la compañía de baile.
Con la Sala Verde de los Teatros del Canal completa para esta, la séptima edición del Festival India en Concierto organizada por el Consejo Indio para las Relaciones Culturales (ICCR), la Embajada de la India y la Casa de la India con la colaboración de otras entidades. Este gran proyecto es uno de los que conforman un intenso programa de un mes (octubre) que se reparte por distintas zonas de la geografía española. Un privilegio y un consuelo para los nostálgicos de este hermoso lugar, amplio, críptico y onírico, inabarcable, hasta que puedan regresar.

 

 

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