“Elias” de Mendelssohn en el Auditorio Nacional de Madrid

Madrid, Auditorio Nacional de Musica, temporada 2022/23
Orquesta y Coro Nacionales de España
Director David Afkham
Director del Coro Miguel Ángel García Cañamero
Soprano Ilse Eerens
Mezzosoprano Stefanie Irányi,
Tenore Siyabonga Maqungo
Basso Konstantin Krimmel
Félix Mendelssohn: “Elias”, oratorio op.70
Madrid, 17 de diciembre de 2022
¿Qué quiere el profeta? Quiere a la política subordinada a la ética. Quiere el resarcimiento de la ley desoída. Por eso truena su voz. Por eso se enfrenta a los poderes de su reino. Y los desmiente. Son crueles, perversos, no representan a su pueblo ni a Dios”. Santiago Kovadloff
No está nada claro que la presentación del universo Mendelssohn, a propósito de su Oratorio Elías, a camino entre el judaísmo seminal y el protestantismo de superficie del compositor y algunos familiares sea unidireccional y esté zanjado. Y además, no se considera vital en una reseña musical. Si no fuera porque la adscripción a una religión o a un grupo étnico (con sus respectivos movimientos de poder y hegemonía) siempre ha sido determinante. En los siglos XIX y XX con el corolario de la Shoah y otras matanzas enormes étnicas, mucho más aún. Aunque estas cuestiones nunca debieron- en una sociedad civilizada y sana- haber desbordado los límites de lo personal, y lo íntimo, de la esfera privada. Arnoldo Liberman, psiconalista y escritor argentino, melómano informado, ha pensado y replanteado las cuestiones de la judeidad, de lo que es realmente ser y sentirse parte de ese grupo humano particularmente en compositores como Mahler y Mendelssohn también. Y a propósito escribió”…Y siempre que conecto con este tema rememoro a Karl Barth: los judíos son krank an Got (“enfermos de Dios”). Así que podríamos concluir que Elías es una obra judía donde el pueblo dialoga con su Dios, Jehová, a veces benevolente, a veces sordo a las súplicas, mientras coquetea con otras deidades paganas como Baal (es puro Antiguo testamento). En cuanto a la obra de Mendelssohn, los dos grandes oratorios bíblicos, Paulus de 1836 y Elías de 1846, están enormemente influenciados por Johann Sebastian Bach.
El éxito, su popularidad y los orígenes judíos del primero molestaron a Richard Wagner lo suficiente como para menospreciar a Mendelssohn con débiles elogios, tres años después de su muerte, en el panfleto antisemita Das Judenthum in der Musik. Este fue el comienzo de un movimiento para denigrar sus logros que duró casi un siglo y cuyas secuelas todavía pueden ser apreciadas en la actualidad entre algunos escritores. El régimen nazi citaba el origen judío del compositor para prohibir la representación y publicación de sus obras. Controversias aparte, volvamos a la velada en el Auditorio. Elías (en alemán, Elias: en inglés, Elijah), Op. 70, MWV A 25, es un oratorio con música de Felix Mendelssohn y libreto de Julius Schubring. Estrenado en 1846 en el Festival Musical Trianual de Birmingham, Inglaterra. Esta pieza estuvo compuesta en el espíritu de los predecesores Barrocos de Mendelssohn Bach y Händel, cuya música le encantaba. En 1845, el festival de Birmingham encargó un oratorio a Mendelssohn, que trabajó con Schubring para poner el texto en su forma final y en 1845 y 1846 compuso su oratorio con texto en alemán. Pronto fue traducido al inglés por William Bartholomew. El oratorio se estrenó en su versión inglesa y​ la versión alemana luego en el cumpleaños del compositor, 3 de febrero de 1848, en Leipzig algunos meses después de que Mendelssohn muriera, dirigida por Niels Wilhelm Gade. Entre los episodios, la resurrección de un niño.​ Otra secuencia dramática es el concurso de los dioses, conocido también como El sacrificio del Carmelo, en el cual Yahvé convierte un sacrificio ofrecido en una columna de fuego, mientras una cascada mayor de oraciones frenéticas por los profetas del dios Baal falla.​ La primera parte concluye con la lluvia que termina con la sequía en Israel a través de las oraciones de Elías y​ la segunda describe la persecución de este por la Reina Jezabel,​ su retiro al desierto, su visión de Dios, su regreso a su trabajo, y su ascensión en un carro de fuego al cielo.​ La obra termina con algunas profecías del libro de Isaías y las alabanzas del Salmo 8. Algunos movimientos son sencillas formas del oratorio como el recitativo y el aria, otros exploran combinaciones híbridas, como el recitativo con coro, para un efecto dramático. Elías tuvo éxito el día de su estreno y desde entonces se ha interpretado con frecuencia. Grandiosa la interpretación de la Orquesta y Coro Nacionales de España, siempre al mando los instrumentos del habitual director David Akham, compenetrado como suele con sus músicos, leve y apolínea su figura en el escenario y el manejo de unas manos expresivas en el gesto que sugieren más que ordenan cómo debe trabajarse el sonido y el empaste con unas voces perfectamente presentes en el corpus total de la partitura. Esfuerzo correspondido entre los cantantes y su maestro a cargo, Miguel Ángel García Cañamero, siempre enmarcado en la seguridad y el aplomo de la consecución de la excelencia vocal. Bien escogido el cuarteto de voces que alimenta el oratorio: la soprano, Ilse Erens, afina, con buen fiato y línea de canto apropiada, es elegante y posee una bella voz, bien distinta dentro de un vestido verde sobrio que contrastaba con los oscuros del resto de las formaciones y sus compañeros solistas. Adecuada la mezzosoprano, Stefanie Irányi, compenetrándose con facilidad con las intervenciones junto a la soprano. Breve pero muy eficaz y ajustada la participación del tenor sudafricano Siyabonga Maqungo, cuya bonhomía le hacía sentirse muy a gusto y sonreír a sus compañeros músicos y solistas en el escenario. Respiraba comodidad. Y empatía. El gran esfuerzo bastante continuado fue para el barítono Konstantin Krimmel, de instrumento redondo y noble en una cuerda que tradicionalmente resulta cercana y afable. También muy en su rol marcado por la tensión evidente en sus conversaciones, ruegos y exigencias con un dios todopoderoso y amargo, que no siempre está disponible para los creyentes, ni siquiera para el pueblo judío, el pueblo escogido.El éxito entre el público fue rotundo, de largo aliento y esfuerzo esta obra dividida en dos partes, que terminó prácticamente en dos horas y media de recital con una audiencia ávida de penetrar desde ya en el espíritu navideño, en las calles abarrotadas, en la final de fútbol de Qatar y el consumo. En otras partes del mundo, las fiestas no traerán calma o alegría, ni serenidad, sino guerra, la interminable invasión en Ucrania y el atentado a los derechos humanos de quienes se atreven a desafiar la mano larga y feroz de muchas dictaduras. Allí por el territorio, por los derechos “históricos”, aquí por las ideas, por la libertad. Shalom! (¡Paz!), Amen.

 

 

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