Madrid. La orquestra y Coro Nacionales de España emocionan con Ravel y Falla

Madrid, Auditorium Nacional de Musica, Ciclo Sinfónico 10.
Orquesta y Coro Nacionales de España.
Director Jaime Martin
Director del CNE M
iguel Ángel García Cañamero
Maurice Ravel: “Ma mère l’Oye” (Mi madre la oca); Manuel de Falla: “La vida breve” (versión de concierto) Ópera en 2 actos. Basado en un poema de Fernández Shaw. Versión concierto.
Salud NANCY FABIOLA HERRERA
Paco JOEL PRIETO
La abuela ANA MARIA RAMOS
El tío Sarvaor FEDERICO GALLAR
Carmela MANUELA MESA
Manuel VICTOR CRUZ
Cantaora MARIA TOLEDO
Guitarra JUAN MANUEL CAÑIZARES
Vox de la Fragua ARIEL HERNÁNDEZ
Vendedor «ramicos» PABLO ALONSO
Vendedora «brevicas» FRANCESCA CALERO
Vendedora «cesticas» MARÍA JOSÉ CALLIZO
Vendedora «canastas» PALOMA FRIEDHOFF
Madrid, 22 de enero de 2023
El principal director invitado en esta temporada, Jaime Martín regresa a la Orquesta y Coro Nacionales para dirigir el primer concierto sinfónico del año con un programa compuesto por Ma mère l’Oye de Maurice Ravel y La vida breve de Manuel de Falla. Aparentemente sin un vínculo muy evidente, los dos compositores disfrutan de algunas concomitancias reseñables. Nacidos con un año de diferencia y dotados de una personalidad tan fuerte como hermética y celosa de su intimidad, las vidas y las trayectorias del vascofrancés Maurice Ravel y el gaditano Manuel de Falla presentan llamativos puntos de contacto. Por ejemplo, su interés por el folclore andaluz, su admiración por el arte de Debussy y su temprana convicción de que debían liberarse del inmenso influjo de este compositor para poder desarrollar su propio estilo. Ma mère l’Oye se basa, como apunta José Luis García del Busto en sus notas al programa, siempre clarificador y apropiado en contenidos y extensión, en cuentos franceses de los siglos XVII y XVIII originales de Charles Perrault, la condesa Aulnoy y Jeann-Marie Leprince de Beaumont. En sus cinco capítulos, evoca con auténtica magia el mundo fantástico de una princesa, el drama de Pulgarcito, el territorio orientalista de una feuchilla emperatriz de las pagodas y un jardín encantado que, con su espectacular cascada de glissandi, pone brillantísimo final a la obra. La Orquesta Nacional de España y su director, discreto, contenido pero no mezquino en el gesto ni en la geografía sonora, los planos y los matices de cada sección de la formación, consiguieron en esta ocasión una versión evocadora, casi bucólica, llena de insinuaciones y esbozos palpitantes pero sin sobresaltos. Como debería o debe haber sido el universo de la infancia, a pesar de los sustos que imprimían a sus historias los autores clásicos del género, tal y como se encargó tan bien de señalarlo Bruno Bettelheim en su leidísimo Psicoanálisis de los cuentos de hadas.
La vida breve es una ópera (drama lírico) con idioma original español, que fue estrenada en idioma francés, sobre una adaptación de Paul Millet, en el Casino Municipal de Niza, el 1 de abril de 1913. Para componer la música, Falla llevó a cabo una labor de compilación de material musical popular, algo que se puede ver en el manuscrito “Ritmos y sonidos de la fragua”, en el cual apunta los ruidos producidos por los que trabajaban en el lugar. Además, recurrió a un conocido suyo para investigar la forma de hablar de los granadinos, con el objetivo de representar la realidad lingüística de Granada en su ópera, a pesar de que él mismo era de esa región. Y tiene éxito recreando la geografía de los ricos y los gitanos del Sacromonte, del Albaicín de la moruna granada, emblema de razas. Dibuja un drama de pasiones, de lucha de razas, de clases, de intereses económicos, patrimoniales, en constelaciones antagónicas que sin embargo tienen que convivir. El estreno español tuvo lugar en Madrid el 14 de noviembre de 1914, en el Teatro de la Zarzuela. Esta ópera rara vez se representa en la actualidad, aunque mucho en temporadas del Colón de Buenos Aires, donde se venera a Falla, ya que falleció en Argentina. El personaje principal, Salud, se recrea con mucho cariño, y en España, para muchos es ella y no Carmen (de Bizet) a quien se considera símbolo de la mujer española. La acción se sitúa en Granada a comienzos del siglo XX y es sorprendente las referencias implícitas más o menos casuales a los paradigmas del teatro de Federico García Lorca, los hombres chulos, hipermasculinos pero inhábiles o torpes en el amor, aprovechados, distantes y la mujer, un compendio de sumisión y paradójicamente, de rebeldía y de fuerza. Resuenan los ecos de Yerma, La casa de Bernarda Alba o bodas de sangre y reminiscencias de Doña Rosita la Soltera. Nancy Fabiola Herrera (mezzosoprano), ennoblece aún más si cabe un papel agradecido, conmovedor, en perpetuo duelo por el futuro presentido, con bella voz y figura, expresividad, buena línea de canto, recursos vocales variados, capacidad de transmitir, de decir, de insinuar, de silenciar. Excelente registro medio y agudos eficaces. Joel Prieto (tenor), buena figura, está muy bien representado como el señorito andaluz sin complejos, con una voz bonita, fresca, de emisión fácil y agradable. María Toledo (cantaora) y el guitarrista Juan Manuel Cañizares son los solistas invitados que introducen directamente el elemento folclórico, el “quejío”, la pena negra, una participación muy bien resuelta, nada estelar, en un marco perfecto de trabajo en equipo. En el mejor y habitual estilo de la Orquesta y Coros Nacionales. Muy bien resuelto el rol de la abuela que lleva a cabo Ana Ma. Ramos, casi una contralto, con instrumento bien timbrado, aguardentoso, lunar, abundante y profundo, afectivamente disponible en la ópera y en escena. También el tío Salvador de Federico Gallar, en una distribución más breve. Y junto a los solistas del Coro Nacional de España Ana Mª Ramos, Federico Gallar, Ariel Hernández, Manuela Mesa, Víctor Cruz, Pablo Alonso, Francesca Calero, María José Callizo y Paloma Friedhoff. El Coro, muy bien concertado con la Orquesta Nacional de España, seguros y arrebatadores en un sonido oceánico, confiados en las batutas respectivas de Miguel Ángel García Cañamero y Jaime Martín. Fue una propuesta brillante y limpia, sin aristas, un puro disfrute musical y teatral, humano. Y hubo muchos aplausos, muy merecidos, en una sala que estaba a rebosar.

 

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