Teatro Real de Madrid: “Das Liebersverbot”

Teatro Real de Madrid: “Das Liebersverbot”

Teatro Real de Madrid Temporada Lírica 2015/2016
“DAS LIEBESVERBOT ODER DIE NOVIZE VON PALERMO”
Ópera cómica en dos actos. Libreto del compositor, basado en la comedia Measure for measure de William Shakespeare.
Música de Richard Wagner
Friedrich CHRISTOPHER MALTMAN
Luzio PETER LODAHL
Claudio ILKER ARCAYÜREK
Antonio DAVID ALEGRET
Angelo DAVID JERUSALEM
Isabella MANUELA UHL
Mariana MARÍA MIRÓ
Brighella   ANTE JERKUNICA
Daniel ISAAC GALÁN
Dorella MARÍA HINOJOSA
Pontio Pilato FRANCISCO VAS
Orquesta Y Coro Titulares del Teatro Real
Director musical Ivor Bolton
Director del coro Andrés Máspero
Director de escena Kasper Holten
Escenógrafo y figurinista Steffen Aarfing
Coréografa Signe Fabricius
Iluminador Bruno Poet
Diseñador de vídeo Luke Halls
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Royal Opera House de Londres y el Teatro Colón de Buenos Aires
Madrid, 25 de febrero de 2016    
Hilaridad y regocijo para el oído, la vista y el espíritu. La propuesta presentada en el Teatro Real de Madrid es uno de los grandes aciertos de la Temporada. Un Wagner prácticamente desconocido, atípico respecto al Wagner del Oro del Ring, criticado por algunos y catalogado de “inexperto” por otros, solventó y disipó todas las dudas que podían quedar sobre su composición. El debate suscitado sobre el hecho relacionado con la falta de peso del libreto pierde toda su fuerza al comprobar que, incluso a pesar de haber alguna pequeña laguna argumental, puestos a sacarle punta, no rebaja su calidad respecto de algunos otros que se emplean en óperas que han llegado a nuestros días con mejor fortuna. La música nos sorprende, pero sorprende precisamente por su frescura, por sus inusuales líneas cristalinas enmarcadas dentro de números cerrados y donde la orquesta no deja de tener un considerable peso en su conjunto, al igual que cada una de las familias instrumentales. La prohibición de amar no hace sino poner de manifiesto sin prejuicios ni complejos la herencia que ha recibido Wagner y la influencia de algunos de sus predecesores como Rossini. Creo que conocer un Wagner al que no estamos habituados enriquece la visión que podemos tener del compositor, desde otra perspectiva, es decir, desde su recorrido más humano, no desde la visión casi endiosada que se da a su música y a su propio personaje. En esta obra se muestra su lado más amable, en el que su talento se mezcla con el vivir natural del pueblo, de la juventud y del espíritu celebrativo de la misma vida. El humor, la comicidad, el enredo, el atrevimiento, las ideas más alocadas se aderezan con una música fresca, deliciosa y con una energía que transmite verdadero placer y diversión para los sentidos.
La propuesta escénica de Kasper Holten es de una gran funcionalidad, inteligentemente pensada, sencilla en cuanto a los elementos escenográficos pero con un gran desarrollo de cada idea, de la que se obtiene una diferencia de ambientes utilizando elementos comunes y transformables. Plataformas que entran y salen construyen los muros y celdas del convento, los lugares de “perdición” que son clausurados e incluso la calle con sus edificios proyectados y los transeúntes circulando en una cinta móvil que cruza el escenario. Una propuesta muy dinámica y atractiva, acorde con la historia que nos cuenta, llena de dinamismo, juventud y fiesta, tremendamente divertida. Una soberbia Manuela Uhl fue el centro de la vocalidad por su robustez en el canto y el control absoluto durante toda la obra. Su Isabella se adaptó a la dificultad de las endiabladas frases creadas por Wagner en un alarde de talento y buen hacer. Los pasajes más rebuscados no parecían tan dificultosos salidos desde su garganta. Su seguridad se mantuvo firme sin prácticamente decaer de inicio a fin. María Miró a pesar de tener un personaje con menor peso dentro de la obra, nos deleitó con su interpretación, mostrando un sonido libre de cualquier tipo de “impureza vocal”.
El destacado barítono inglés Christopher Maltman nos hizo disfrutar, no solo por la calidad vocal y su timbre de gran personalidad, sino por sus formas en el escenario que nos arrancaron más de una sonrisa. Luzio y Claudio, interpretados por los tenores Peter Lodahl (danés) e Ilker Arkayürek (turco), respectivamente, dibujaron una trama vocal en la que había que salvar diferentes dificultades y lo lograron, con más fortuna el danés que el turco. Peter Lodahl mostró más entereza vocal y más seguridad en el canto y en la continuidad de la línea melódica. En cambio, el turco mostró esfuerzo para mantener la afinación en algunos pasajes. La pareja en el escenario formada por el tenor David Alegret y el bajo David Jerusalem, funcionó a la perfección. El tenor catalán, especialista en Rossini, muy útil en esta “atípica” obra wagneriana, dio buena muestra de su saber hacer. Y estuvo también a la altura el joven bajo nacido y formado en Alemania. Respecto a la “pareja” de Brighella y Dorella, formada por el bajo Ante Jerkunica y la soprano María Hinojosa hubo más desigualdad. El bajo croata dejó su impronta tanto vocal como teatral en el escenario y su compañera de aventuras, estuvo más afortunada en la parte escénica, siendo discreta en la vocal. Completaron el reparto los zaragozanos Isaac Galán y Francisco Vas, cuyas interpretaciones de Danieli y Pontio Pilatos, estuvieron a la altura en calidad del resto del elenco. Como aderezo de la parte artística, un ballet que acompañó la escena festiva final con mucho brío, vitalidad y diversión. La Orquesta y coro Titulares del Teatro Real resolvieron con gran éxito esta pequeña joya wagneriana que bajo la atenta batuta del director musical titular del teatro madrileño, Ivor Bolton, brilló y sacó el máximo partido a esta desgraciadamente olvidada partitura de Richard Wagner. Photo Javer del Real

 

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